Vivimos, y reflexionamos. Es algo inherente a nosotros y no podemos evitarlo. Una vez dejamos de vivir, no hay más reflexión que la eternidad a nuestros pies. También al vivir morimos, y al reflexionar dejamos de pensar. Como el mas dulce dolor, se nos pega a la piel y nos roe los huesos. Vivimos para morir. ¿Para qué vivir?
No hay comentarios.:
Publicar un comentario